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Genies of choice

Imagine you encountered a genie.
This genie tells you he will grant you just one wish.
He tells you he will give you the one thing you want most.

There's just one single condition: if you tell him something that it isn't what you want most, he will disappear and you'll never see him again.

This comes with some thoughtful problems:

You have to actually know yourself. For real.
It is easy to tell what you want.
It is difficult, though, to tell what you ultimately want.
What's the filter? How to tell the hierarchy in which you catalogue your desires?
There are desires that are deeper than others, but, which one is the one?
This entails a degree of knowledge of the self of great magnitude, not easy to achieve.

And, what if you told the genie something you didn't actually want that hard? Then, the genie would disappear, leaving no trace.
Would you live through your days knowing you lost the thing you craved the most?
Maybe you prefered not to actually have to take that decision.

You would probably take your time to think about your true desires, your own deepest aspirations, so you wouldn't rush into a bad guessing, and therefore losing this once in a lifetime opportunity.
A thoughtful mind would probably want to take years to make that call.

Going deeper... Would you want that thing that much if you knew you could achieve it by telling it to a genie who would make it happen effortlessly?
If so, then, telling the genie what you wanted would make you want it less. Thus, the wish wouldn't came true.
Therefore, has the genie ever granted a single wish? Maybe they all have been underestimated, then declined.

CHOICES. That part of the deal of growing up that may be a double-edged sword.

The truth is that you don't have to deal with a genie to encounter such complications concerning the consequences of your choices.
This is life: decisions that give rise to consequences.

And, too often, among this consequences one can foretell the loss of something.

LOSS. Loss is fearsome.

What a terrible feeling can be the feeling of knowing you may lose something valuable if you make a bad decision. There may be great factors at stake.
Yes; loss is fearsome and terrible. It can be the sadest thing on Earth.
Yet loss is inexorable.
Sometimes win and success can only come when attached to some kind of loss.
But, in what degree one win can balance in account for a loss? Who are we to decide what's better?
The answer to that question is 'everything'. We are everything that takes to decide. No one else, but ourselves, can decide for us.

Loss is what gives choice its tricky, yet solemn significance.
Would we appreciate in full the concept of light, in its meaningful little nuances, if darkness didn't exist?

In our choices, there is always the possibility of darkness.
But that does not mean the best path to follow is not to choose; we must contemplate the darkness within the consequences of our decisions.
This gaze of the wicked possibility of taking the wrong choice must not dampen our decisions, but make them meaningful.

We have to be able to see the light that scatters loss' darkness.
We have to be able to choose, and choose accordingly of what we want.
Just as if a genie offered us this huge world of possibilites; full of darkness; yes. But full of light, and life as well.
We have to be able to know ourselves, and know better than anyone what do we pursue.

Through knowledge, darkness scatters, and light fades in.
Through knowledge, comes rightness.

Versos de una noche soleada

En un mar seco
me encuentro, y me pierdo
por las laderas llanas.
Me pregunto, y siento
que siento lo que digo;
y si digo lo que siento,
como un fuego tibio
o un cálido hielo,
merezco lo que no quiero,
y recibo lo que no pido.

Y es que en esta clara indecisión,
no cuento lo que cuenta,
y me descuento en lo prohibido
que se encuentra en lo invisible:
Estos libros sin letras
que sin poder abrirlos,
leo sin ojos ni vista.

Demasiado severo para perdonarme
con mi debilidad me castigo:
Sin las riendas de mí mismo,
como caballo apolíneo
y con poder desbocado,
en el mar seco me precipito.

Sonrisas en la oscuridad

Abrió los ojos.
Pronto se dio cuenta que la oscuridad era tan absoluta que la diferencia entre tenerlos abiertos o cerrados era nula.
Sin embargo, tenía certeza de lo que estaba mirando. Entre sus brazos entumecidos por un sueño ausente podía sentir el calor reconfortante de ella.
Sus ojos transgredían la oscuridad, y la miraba dormir; pues aunque la luz no era bienvenida, sabía perfectamente cómo era su cara mientras dormía.
La imaginó en su sueño reparador; tenía la expresión de quien duerme haciendo caso omiso de las contrariedades de la rutina, de quien crea un nuevo día mediante una noche soñadora, de quien deja el mundo terrenal para ir a un lugar mejor que se desvanece al despertar.
La imaginó en su sueño reparador, y sonrió. Sonrió con esa sonrisa que nadie puede ver, bajo el pesado manto de una pesada oscuridad que envuelve todo, protectora, con esa magia de quien sonríe para nadie, sin saberlo y sin ocultarlo: La sonrisa en la oscuridad.
La imaginó en su sueño reparador, sintiéndola entre sus brazos.
Y cerró los ojos.

Flying in a Blue Dream

What if you slept? And what if, in your sleep, you dreamed? And what if, in your dream, you went to heaven and there plucked a strange and beautiful flower? And what if, when you awoke, you had the flower in your hand? Ah, what then? - Samuel Taylor Coleridge

Reo

Pagó su crimen con la pena máxima. El jurado le impuso la pena de vida.

Los ángeles también tropiezan

Quería hablar con Arcángel Gabriel sobre mi subida de sueldo, tropecé, caí al mundo y desde entonces me hago llamar Santa Claus.

Política

Un día encontré a mi mente por la calle, y la invité a un café.

Tuvimos una aburrida conversación en la que cada uno sabía la respuesta de las preguntas que hacía el otro. Luego mi mente me dijo cállate, y yo le dije que no.

Entonces me convertí en un real hipócrita, porque lo que pensaba y lo que hacía era diferente. Y me hice militante.

Ojos verdes (nombre provisional)

- Señor, no puede facturar más de 34 kilogramos de peso. Son las normas de la compañía.

- Vamos a ver, señora… Williams – Dije mirando la tarjeta de identificación que colgaba de la chaqueta azul marino de la rechoncha mujer del departamento de facturación.

- Llevo una maleta que pesa 35 kilos, ¡35! ¡Un número que se acerca peligrosamente a 34! No creo que por 1 kilo más el avión vaya a estrellarse, o algo así.

- Pero la agencia no lo permite.

- Y si yo fuera la agencia no permitiría que alguien tan incompetente como usted trabajase de cara al público. Ni tampoco subirse a un avión, ¡oiga!

No estoy en contra de la gente con sobrepeso, ni mucho menos. Pero estaba en el aeropuerto de Nueva York intentando facturar mi equipaje de 35 kilos mientras el avión que tenía que tomar en menos de 3 minutos estaba a punto de salir.

En un arrebato de desesperación, me puse la mano en la cabeza, resoplando y mirando a mi alrededor buscando la salvación de aquella pesada señora con traje.

Y entonces la vi.

Era una chica preciosa. Tenía unas largas piernas que iban des del suelo hasta una cadera lo justo de ancha para una falda sencilla de color verde que hacía juego con sus ojos. Sus ojos, ¡ay, sus ojos! Fueron mi perdición.

Unos ojos profundamente verdes. Verde oliva, para ser más precisos. Y preciso fue el golpe que me causó esa chica de ojos verde oliva.

- ¿Querría usted dejar de babear y escucharme?

Era la “amable” señora Williams, que rompía la sensual magia que me rodeaba entonces. Le hubiera retorcido el pescuezo hasta que sacase el cuervo que llevaba por corazón.

Se ganó que la ignorase por un tiempo más.

La chica de pelo castaño ligeramente ondulado y de curvas sinuosas parecía algo perdida. Miraba alrededor como si buscase algo. Y en su búsqueda visual topó conmigo, que aún la miraba con cara de bobo.

En ese momento de miradas cruzadas, que duró poco más de una centésima de segundo, el cerebro dejó de dar órdenes al cuerpo. Sólo lo justo para rezar para que no me hubiera visto, porque apuesto a que tenía la cara derretida encima de mi pecho y mi pecho derretido en el suelo. O lo que es lo mismo, estaba enbobado mirándola. Y no creo que diera buena imagen.

En el tiempo que estuve en mi mundo multicolor de felicidad y amor, la dependienta de facturación, la simpática señora Williams, ya se había cruzado de brazos mirándome con cara de Rotweiler al que le han pisado la cola.

- Le doy 100 dólares si deja de molestarme con los malditos 34 kilos y me deja facturar tranquilo…

La cara de la señora Williams se iluminó dejando paso a una expresión de suma simpatía y afabilidad. Por suerte la comida no era lo único que le gustaba a la mujer.

En el tiempo de discusión y de pérdida de saliva por mi parte, ya se había formado una cola espectacular detrás de mí, y toda ella me clavaba sus miradas como lanzas envenenadas lanzadas por chimpancés esquizofrénicos.

Me deshice de mi equipaje y salí de la cola, que aún seguía mirándome bastante mal.

Busqué a la chica de ojos verde oliva, pero se había volatilizado.

Maldije a bastantes cosas maldecibles, entre ellas mis huesos y la señora Williams, tan amable con un fajo de billetes sobre el mostrador.

Me dirigí algo abatido hasta mi puerta de embarque, no sin aligerar el paso.

Fui chocando contra mucha gente antes de llegar a mi destino, y mi maleta de mano me seguía de cerca, chocando contra más gente aún.

Llené el cupón de malas miradas al entrar en el pequeño avión.

Algún gracioso gritó “¡Aleluya!”, y prosiguieron murmuros varios de todo el aeroplano.

Tocaba buscar asiento. De premio por llegar el último y retrasar unos minutos el avión, el peor asiento que podía existir en el aeropuerto. Gracias, mundo.

Me abroché el cinturón y lo puse a mi medida. ¡Qué bien¡ La hebilla estaba medio rota y se desajustaba al minuto.

- Da igual, si tenemos un accidente aéreo vamos a morir todos, tengamos o no puestos los cinturones. Estos cacharros son maléficos.

El avión constaba de cuatro filas de asientos, con el pasillo en medio. Me tocó una silla de la fila de la derecha, tocando al pasillo, a la altura del ala del avión.

Sin dejar de estudiar la hebilla me dirigí a quien quiera que me hablase:

- ¡Qué optimismo, qué alegría, qué tesón! Si tenemos un accidente ya sé a quién guiñarle el ojo primero.

Levanté la vista hacia mi izquierda, al otro lado del pasillo, para conocer la procedencia de la voz que me animaba delante de un poco probable accidente.

Era una viejecilla con cara experimentada y marcada por arrugas que parecían cuevas paleolíticas. Daba la sensación de que si se le estiraba la piel aparecería algún que otro bicho de entre las deformidades cutáneas.

Aún y así, tenía un aura de apacibilidad, como la mayoría de viejecillas que dicen este tipo de cosas. Una imborrable sonrisa y sus consecuentes arrugas de expresión ayudaban a dar esta impresión de ternura.

Le sonreí amablemente y ella se echó a reír.

- ¿A dónde se dirige, joven?

- Si no me he equivocado de avión… voy a Helsinki, al encuentro de un viejo amigo. ¿Qué se le ha perdido a una dama como usted en la capital finlandesa?

- Nada, chico, nada. Era el primer avión que salía cuando vine al aeropuerto. Voy a la aventura, a viajar, a conocer mundo.

Me fijé en el ropaje de la viejecilla. Tenía una pinta de excursionista indisimulable.

- ¡Qué intrépida, usted! Y parece que no le preocupan mucho los accidentes de avión.

- Mira, chico, en estos cacharros tienes muy pocas posibilidades de tener un accidente. Lo cual me tranquiliza. Pero si tienes uno, tienes, también, muy pocas posibilidades de salir indemne. Lo cual me es bastante igual, todos moriremos algún día.

De mayor quiero ser como esa mujer.

- Vaya, vaya, bonita filosofía de vida.

- ¡Claro, hijo! Deberías probarlo, viajar sin rumbo fijo es realmente apasionante.

- Espero hacerlo, señora, espero hacerlo.

En el rato que llevábamos charlando con la mujer, el avión ya estaba en el aire. Al ser pequeño, el despegue no se hizo notar excesivamente.

- El vuelo con destino Helsinki ya está en el aire. Pueden desabrocharse el cinturón, y recuerden, está prohibido fumar dentro del avión.

Era la azafata, que recitaba su poesía una vez más. Me puse los auriculares que había en el reposabrazos y me dormí al poco. La verdad es que me interesan bastante poco las salidas de emergencia que estaba señalando la asistente de vuelo. Como dijo la señora que tenía al lado, vamos a morir todos igualmente.

TO BE CONTINUED...?

Primera parte de la obra en partes de nombre desconocido, de escritura espontánea, de escasa coheréncia y con alto contenido de absurdismo

El gato maullaba, y los zapatos volaban a su alrededor, intentando callar su espantoso y disonante maullido. Un perro ladraba, intentando callar el maullido del gato, y a su vez, los zapatos se dirigían también hacia el canino, intentando callar el desquiciante ladrido del perro que intentaba callar el disonante maullido del gato.
Henry dormía. Sí, dormía. A pesar de los zapatos, del gato espantoso y el perro desquiciante, Henry dormía.
Y nada le hubiera podido despertar de su sueño. Quizá un Gorgotron Hiperpánglico de la decimoctava luna de Ultima Berlex sí pudiera hacerlo. Porque los Gorgotrones de ESA luna de Ultima Berlex podían despertar a los muertos con su aullido gánglico atronador.
Sí, Henry estaba muerto. Muerto de verdad.
Sin vida, como suele decirse.
Y el gato disonante, el perro desquiciado y los zapatos voladores no sabían que Henry estaba muerto.
Mientras Henry estaba llevando a práctica su mortitud, una oscura sombra en el otro lado del universo, sonriendo, estaba admirado de su técnica. Era, posiblemente una de las pocas personas que sabían de su muerte.
Y aunque creía que el evidente talento de Henry para la mortitud debía ser admirada un rato más, hizo lo que creyó más necesario en ese mismo instante. Buscar en el Diccionario Interlenguágico de Casinónimos Acordantes, o DICA, la palabra mortitud. Y, ya que le surgió la duda, buscar también qué es un Casinónimo.

mortitud.
(Del kórnico con ligero acento afrancesado mortitaud.)
1. Arte interpretado por las personas muertas.
2. Pequeño cilindro de papel de lija usado para afinar las cuerdas del Agujerófono.
Casinónimos de mortitud: morticionidad, muertidumbre, mortición, mortalición, gkgastjmforskl (rwálico interior)


casinónimo
Si no sabes lo que es un casinónimo, ¿para qué quieres el DICA?


Ese texto le dejó perplejo unos segundos.
Después de esos dos segundos de profunda meditación, llegó a la conclusión de que la oferta "Pague dos y llévese uno" del Mercado Interestelar de diccionarios poco útiles pero muy muy gruesos no era tan gangosa. Más tarde decidió que después de hacer lo que creía más necesario después de buscar esas dos palabras en el DICA, buscaría gangosa en él.

Un Gorgotron Hiperpánglico de la decimoctava luna de Ultima Berlex de 3 centímetros de alto (un especímen realmente precioso y grande, comparado con los 1,3197453345 centímetros de media de la espécie) apareció en la habitación de Henry conducido por un Portamonedas Espacial. Originado, a su vez, por una anomalía en la red intercomarcal arrejuntada de anomaliadores.
Lo cual quiere decir que un anomaliador creó ese Portamonedas Espacial, que guió un Gorgotron de Ultima Berlex a casa de Henry.

La figura oscura de la otra punta del universo sonrió.
Estaba satisfecho con la bonita forma de su anomalía.



Si llegamos a un determinado número de gente perpleja por el texto, quizá publique otra parte.
Una parte de nombre desconocido, de escritura espontánea, de escasa coheréncia y con un alto contenido de absurdismo.

Ojo de gato


Una Luna llena y enorme se abre paso en las tinieblas de una noche sin estrellas.
Como un ojo de gato que vigila su entorno, tranquilo, paciente.
Estoy caminando bajo el manto húmedo de una lluvia tranquila, paciente.
Las pequeñas gotas de agua se abalanzan sobre mí, en un acto suicida, para acabar desgranándose y empapando mi ropa y mi oscuro cabello. Y empapado camino sin rumbo, en una de tantas ciudades que he visitado.
Camino en una ciudad desconocido, con la única compañía de la Luna.
Ella nunca me ha dejado. Las personas son tan efímeras... y, en cambio, mirando la Luna, veo la eternidad, fluyendo dentro de mí.
Soy como la Luna, imperecedero, y eterno...
Mil años de penumbra me siguen, y aún sigo en este mundo de mortales.
Mortales que perecen, mirándome, con envidia.
¿Pero no es la envidia lo que siento yo?
La eternidad no es algo ideado para las personas. Cada minuto, cada hora de mi vida, deseo poder quedarme dormido para siempre, poder descansar de este mundo de infelicidades, muerte, odio.
Poder morir en paz es lo que envidio a los mortales. No quiero ver morir a nadie más a mis brazos, no quiero sobrevivir a mis hijos, ni a mis nietos, ni a mis bisnietos. Y, sin embargo, no puedo morir.
La Luna es lo único que consigue tranquilizarme, eterna, inmortal.

Como un ojo de gato que vigila mis pasos, tranquilo, paciente.


PD: Para que después digan que la prosa no es poética. ¡JA!

ME ZANJRAN LOS HOJOSSS!!!!!111

O bien MA SUR SANJ DALS HUYS!!!!11... Como volgueu.
Esta serà la secció que quiero fer cada un tiempo.
Será bilingüe, porque tots la podáis entendre.
Se colgaran frases o paraules escritas en exàmens, redacciones o lo que sigui.
Hoy començarem amb estas: una falta de desconeixement de les preposiciones i una substitució de sinónimos:

  • Estava fent la cuina m'entres veia la televisió. (Segon significat amb fàcils malinterpretacions inclòs en un exàmen de CATALÀ)
  • "Ser un ancià", cambiat per "Estar angoixat". El sentido de aquesta substitució es una mica retorçat: Si le posem un acento andalú sona quelcom así: "Ansiao". Por lo tant, amb una mente con un alt grau de procesamiento, "Ansiao" queda substituït per "Angoixat".
TOMA YA.
Un otro dia, més.
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